Este texto que acabas de leer pertenece a nuestra querida amiga Meli, y nos pareció muy bueno para reflexionar en estas fiestas que ya estan tan cerca, sobre el destino que solemos darle a nuestras mascotas. Esta es su dirección por si deseas visitarla: http://miramealosojosydimequeves.blogspot.com/
Era el primer domingo de diciembre, y yo me pregunté si era verdad lo que estaba viendo: un automóvil se detuvo, se entreabrió una puerta trasera y alguien hizo bajar a un perrito muy inquieto.
_“¡Bajate, Pulquete!”, ordenó una voz desde el interior.
El pobre animalito quedó desconcertado cuando el automóvil se alejó a toda velocidad. Me partió el corazón verlo correr desesperado detrás del vehículo. Pulquete tendría unos seis o siete meses; menudito, de patas largas y pelo corto color de canela, exhibía una oreja negra de llamativo contraste. No volví a verlo hasta mucho después, pero imagino que esa noche, agotado y tembloroso, durmió acurrucado en el primer agujero que encontró. Por la mañana comenzó a buscar a sus dueños. Ese día no comió y apenas bebió un poco de agua estancada. Los días y las noches se le hacen interminables. A las dos semanas está flaco y decaído, aunque se lo puede reconocer fácilmente por su orejita negra. Como es muy joven comienza a olvidar a quienes lo arrojaron a la calle. Tal vez recuerda vagamente un patio soleado donde retozaba despreocupado. No sabe qué le pasa, pero tiene hambre y mucho miedo porque otros perros callejeros lo corren, la gente lo echa de las veredas y cuando cruza las calles, unos artefactos rugientes se le vienen encima.Pero a pesar de todo, Pulquete siente una irresistible atracción por las personas. Cuando descubre que alguien lo mira compasivo, se le acerca tímidamente con la cabeza gacha y ojos que imploran una caricia. Pero, invariablemente, esa persona que se detuvo misericordiosa endurece la mirada y sigue su camino, no vaya a ser que el pobre animal se le adose y la siga.Diez días después de presenciar aquel acto incalificable, nuestro perro Budy, un maravilloso lanudo grandote y bonachón, de cuatro años de edad, se nos escapa, asustado por los cohetes, y se pierde. Lo buscamos días enteros por el barrio y por las calles de la ciudad, pero nuestro querido Budy no apareció.Tomás, nuestro hijo de ocho años, estaba desconsolado; nunca lo habíamos visto tan afligido. Se acercaba la Navidad y todo hacía presagiar que la íbamos a pasar con mucha tristeza. Budy se había alejado mucho de su casa. Cuando se le pasó el susto intentó regresar, pero caminó en sentido contrario y terminó en un mundo desconocido y ruidoso: el centro de la ciudad. Durante días y noches corrió desesperadamente buscando a su familia, hasta que el desaliento y el cansancio detuvieron su atolondrada carrera. Su mirada vivaz se apagó y su abundante pelaje pronto fue una maraña sucia y enredada.Un día que llovía copiosamente el pobre Budy trotaba pegado a la pared buscando algún sitio donde guarecerse cuando se topó con un cachorro flaco, asustado y empapado que se detuvo y lo miró con curiosidad. El debilucho Pulquete, al que ya se le contaban las costillas, y Budy, corpulento y greñudo, se quedaron estáticos bajo el aguacero observándose con expectación. Pulquete, con sus orejitas paradas, movió tímidamente la cola y Budy se le acercó para olerlo. Enseguida se hicieron amigos y ya no se separaron en su vagabundeo. El pequeño seguía al grande a todas partes, buscaban comida juntos y en las noches frescas se daban calor pegaditos uno con otro. Budy seguía con su idea fija de localizar su casa, obsesión que sólo olvidaba temporalmente cuando se divertía con Pulquete en el novedoso juego de perseguir automóviles y motocicletasLlegó el 24 de diciembre. Hacía ya catorce días que se había perdido nuestro perro, y desde entonces Tomás casi no hablaba ni se interesaba por nada. Mi esposa y yo, preocupados por tan prolongada apatía, decidimos llevarlo a la Misa del gallo que se celebraba a las diez de la noche en la Catedral. No sé cómo se nos ocurrió la idea, pero esa misma noche, al terminar la ceremonia, cuando todavía vibraban en nuestros corazones los conmovedores acordes del Gloria in excelsis y los ángeles aún aleteaban sobre nuestras cabezas, comprobamos que aquella decisión no había sido casual. Al salir de la iglesia fuimos rápidamente hasta nuestro auto para llegar cuanto antes a casa, donde nos esperaban los abuelos de Tomás para la cena de Nochebuena. Iba a poner el motor en marcha cuando Tomás sale de su mutismo y me dice:
_Mirá, papá, ese pobre perrito, ¡qué flaco está!Me fijo donde me señalaba mi hijo y reconozco al cachorro por su inconfundible mancha negra.
_ Pero si es Pulquete, el cachorro que tiraron a la calle desde un auto. ¿Te acordás que te lo conté? Fue antes de que se perdiera Budy. Qué desmejorado está, pobrecito.
_Mirá como nos mira, papi, como si quisiera venir con nosotros... _No, Tomás...,no podemos...
_Quiero acariciarlo papá, por favor... ¡Vení, perrito...!
Yo sabía que si Tomás acariciaba a ese cachorro tendríamos que llevarlo a nuestra casa. ¿Pero cómo negarle ese gesto de ternura después de lo que había sufrido? Nos miramos resignadamente con mi esposa y asentimos en silencio.Tomás bajó del auto y acarició efusivamente al cachorro. Había que verlo a Pulquete, estaba loco de alegría, movía la cola, le lamía las manos y la cara, saltaba feliz, se tiraba panza arriba.
_ Papá, está hambriento, tenemos que darle de comer
_Está bien, subilo al auto que lo llevamos a casa. Tomás, entusiasmado y feliz como no lo habíamos visto en semanas, trató de inducir al cachorro a que subiera. Pero para nuestra sorpresa, Pulquete no avanzó. Se quedó parado expectante. Tomás insistió en llamarlo pero el perrito, lejos de subir al auto amagó con alejarse. Se puso a ladrarnos como si quisiera decirnos algo. Se alejaba de nosotros, se detenía y nos ladraba. Su comportamiento era muy extraño. Tomás intentó agarrarlo pero apenas se le acercó, el cachorro corrió para volver a detenerse y a ladrarnos varios metros adelante. Tomás quería ir tras él, pero se nos hacía tarde y no podíamos perder tiempo en los caprichos de un perro desconocido.
_Dejalo, Tomás, es muy tarde, vamos a casa.
_¡Papá, por favor...!
_Subí, vamos a casa, está claro que no quiere venir con nosotros. Puse el motor en marcha y Tomás se largó a llorar. Pulquete había vuelto a correr y ya había doblado la esquina. Lo que sucedió a continuación todavía hoy nos emociona y no lo vamos a olvidar en nuestras vidas. El motor del auto se detuvo inexplicablemente y no hubo forma de hacerlo arrancar. “¿Qué pasó?, me dije inquieto, ¿Se habrá ahogado? Sí, seguro...; bueno, paciencia, tendremos que esperar un poco”. Tomás lloraba en el asiento trasero y adiviné que mi esposa, con la cara vuelta hacia la ventanilla, también dejaba correr algunas lágrimas silenciosas. En eso oímos unos ladridos familiares. _ ¡Papá, papá! gritó Tomás ¡Mirá! ¿Ese no es Budy?
_¡Por el amor de Dios, sí, es Budy, es Budy! exclamó mi esposa ¡Era Budy ! Había reconocido el automóvil y venía corriendo desde la esquina a toda velocidad..Y detrás de él, ladrando entusiasmado, venía Pulquete, el cachorro abandonado que no quiso abandonar a su amigo y por eso había tratado de hacernos entender que debíamos esperarlo hasta que él lo fuera a buscar. Y adivinen qué pasó cuando los dos perros estaban ya dentro de nuestro automóvil y todos llorábamos y reíamos de alegría: el motor arrancó apenas giré la llave. Fue como si algún ángel de Navidad, un ángel tal vez de los animales, ¿por qué no?, hubiera dicho con una dulce sonrisa: “Bueno, ahora sí se pueden ir todos a casa a celebrar
Desconozco su autor.
Saludos de su amigo Christian....









Es tan errado comparar su destino con el destino de los animales hoy? Alice Walter, la conocida escritora Afro-Americana dijo alguna vez: Los animales del mundo existen por sus propias razones....No fueron hechos para los humanos como tampoco los negros fueron hechos para los blancos o las mujeres para los hombres...En 1948, las naciones del mundo se unieron para crear la Declaración Universal de los Derechos Humanos la cual estableció que todas las personas deberían tener libertad y respeto cualquiera sea su color, sexo, religión o raza...
Aquellos que creen en los derechos animales.. Creen que los animales merecen protección similar....El hecho de que aun exista una gran preocupación por el sufrimiento humano no significa que no deberíamos intentar ayudar a los animales también....

Se trata de proteger a otras especies de tratos crueles e injustos y de no causarles ningún daño...Estar interesado en los derechos animales no te hace ser “raro”...Querer terminar con el sufrimiento es algo de lo cual deberías estar orgulloso...
Hacerte vegetariano o vegano, no comprar ciertos productos por que han sido testeados en animales y decir que no quieres ir al zoológico o a un circo con animales, son todas formas importantes con las cuales puedes ayudar a hacer de este mundo, un lugar más bondadoso...
Nunca dejes que alguien te haga sentir que estás equivocado. Siempre recuerda que los animales no tienen una voz, Ellos necesitan que tú hables por ellos... Qué Derechos Necesitan Los Animales? Obviamente, los animales no necesitan de forma exacta los mismos derechos que las personas... Por ejemplo, el derecho a votar en elecciones sería inútil para un loro...
Pero el derecho a la libertad, el derecho a ejercitar su propia y libre voluntad y a vivir sin ser encerrados o torturados son tan importantes para los animales como lo son para nosotros. Por Qué Preocuparnos De Los Animales? Hoy es reconocido que los animales, como los humanos experimentan felicidad, tristeza, miedo, dolor físico, rabia y aburrimiento...
Sabemos que ellos usualmente disfrutan de la compañía de sus iguales, que hay una conexión cercana entre las madres y sus hijos, que los animales jóvenes disfrutan y aprenden del juego, y que ellos desarrollan amistades...Ellos tienen necesidades, al igual que las personas...
Por qué amar a los animales?
Porque se dan a entender
Porque no compran amor
Merecen nuestro amor!!!
Todos juntos podemos lograr un mundo mejor para todos nuestros animales y para nosotros mismos, muchas gracias por tu apoyo constante en este blog, por tus visitas y tu apoyo, como todos saben Estrellita y yo tenemos nuestros blogs personales y con ellos los visitamos y leemos mas personal, disculpen que con este siempre pasemos rapido dejandoles tan solo un saludo, cada uno es importante en este rincon y tratamos de llegar a cada uno de sus blogs en la medida que podamos, asi que gracias por todo de nuestra parte.















Otros casos tristes, como el de Akili, la elefanta muerta aparentemente sin explicación durante la filmación de un telefilm, el año pasado. Akili tuvo que subir sobre una rampa, algo que había practicado varias veces con su instructor. Pero una vez que subió, no supo cómo bajar, le dio miedo y murió de un ataque.
Otro caso célebre es el de Leo, el león de la Metro Goldwyn Mayer, que había aprendido a rugir comandado por el primer instructor de animales de Hollywood, Volney Phifer. Cuando se hizo viejo, terminó en un mísero hospicio para animales, manejado justamente por su ex domador, que así buscó redimirse del trabajo realizado durante años.
Recuerdan a Chita? ella también terminó sus días alli en el hospicio, Chita era la mona de Tarzán la cual fue mas famosa que el mismo y por su gracia y su carisma se ganaba al publico que aun hoy la recuerda, Chita descansa bajo una lápida sin nombre en el pequeño cementerio ubicado detrás del hospicio.




