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3 de noviembre de 2011

LEYENDA GUARANI


La exuberante vegetación de la selva tropical envuelve el paisaje con el embrujo de su magnifica belleza.
Los árboles elevan sus copas al cielo en isipós, helechos y bejucos, y se mezclan y se entrecruzan unos con otros en cascadas de verdes intensos, de amarillos, de sepias y de pardos.
El duro lapacho cubierto de flores violáceas, el peteribí festoneado de pétalos blancos, el Jacarandá que luce su floración añil, el ivirá pitá con su manto de corolas amarillas, y los cedros, los algarrobos, los quebrachos y los timbós, que forman la abigarrada selva, son cuna y sostén de las maravillosas orquídeas que, en múltiples formas y coloridos hermosos, se ofrecen con profusión a los ojos admirados de los que llegan a gozar de belleza tan extraordinaria.
Y junto a esta hermosura de formas y de colores, el magnífico espectáculo del río, del Iguazú, del Agua Grande, como bien lo nombraron los primitivos habitantes de la región.
Fue en tiempos de los guaraníes, precisamente, hace muchísimos años, tantos que no se podría determinar su número.
En ese marco de Soberbia belleza, en una choza levantada junto a la orilla, defendida por los colosos de la selva, vivía Panambí con su madre.
Tan bonita y tenue como mariposas que en vuelo raudo cruzaban la floresta, era esta Panambí de la leyenda.
Bonita, muy joven, de grandes y expresivos ojos negros y lacio y brillante cabello, vivía gozando de los dones que le brindaba la naturaleza.
Su voz armoniosa se desgranaba en dulces melodías, cuando, dirigiendo la frágil canoa, llevando su cesto tejido con fibras de yuchán, iba en busca de apetitosos frutos o de exquisita miel silvestre, de camoatí o de lechiguana.
Su madre la oía desde lejos y distinguía su voz cristalina destacándose del ruido que hacía el agua al precipitarse desde la altura y de los trinos de los pájaros que cantaban en la fronda...
Panambí llegada fresca y armoniosa, con su cesto repleto de provisiones. Era una flor más, entre las flores de la selva y su sonrisa constante reflejaba su amor a la vida, su alegría de vivir.
Un día, como tantos otros, Panambí, con su cesto enlazado en el brazo, llegó hasta la orilla donde se hallaba amarrada la canoa. marchaba a su cabaña llevando el tribuno del bosque.
Desató el cordel que sujetaba la canoa; tomó la pala y a los pocos instantes, manejada con pericia, la embarcación se deslizaba por las aguas tranquilas en dirección a su oga.
Volvía del grupo de islas a las que había llegado en busca de frutos y de miel de camoatí. Allí el río era ancho y la corriente muy suave. El crepúsculo teñía de rojo, violado y oro, las nubes y las aguas.
La vegetación de las orillas, erguida o inclinada sobre el río, ponía un marco de verdes diversos en el paisaje.
A mitad de camino se cruzó con otra canoa. La dirigía un indio joven, desconocido para ella, que la miró, con curiosidad primero, con interés, luego.
El indio, apuesto, de piel cobriza y brillante, de cuerpo recio y brazos fuertes, impulsaba la canoa con movimientos firmes y precisos.
Al pasar cerca de la doncella, clavó sus ojos dominadores en la dulce Panambí y una gran admiración se pintó en ellos.
La niña quedó como hipnotizada, incapaz de separar su vista del desconocido que así la había impresionado.
Continuó mirándolo en la misma forma hasta verlo desaparecer en la lejanía. Por un momento quedó inmóvil, en medio del río, la canoa mecida suavemente por el vaivén de las aguas.
Cuando volvió a la realidad, la luna había extendido su manto de plata y se reflejaba en el río dibujando una estela brillante.
Pensando en su madre que la esperaría ansiosa, dio a la pala un impulso vigoroso y la canoa surcó las aguas con rapidez.
Al llegar a su cabaña, tal como se lo figuraba, la madre la esperaba afligida.
- ¿Qué te ha sucedido, Panambí? ¿Cómo vuelves tan tarde? - le preguntó.
- No sé... madre... - respondió la niña con mirada ausente.
La madre la miró sorprendida. Una expresión desconocida, como ausente, se pintaba en el semblante de la niña. Por eso, alarmada, insistió:
-¿Qué te ha sucedido, Panambí? ¿No habrás hallado, por ventura, a Pyra-yara?
La niña la miró con mirada turbada y nada respondió. Ella misma no sabía lo que sucedía: pero eso si, sabía que no estaba como siempre.
El recuerdo del apuesto muchacho que viera en el río, no la abandonó desde entonces.
Si caminaba sobre la tierra rojiza que formaba los senderos, o marchaba por la selva separando helechos e isipós para poder pasar, o recostada en su hamaca miraba al cielo azul, o junto a la orilla mojaba sus pies en el agua clara que lamía la playa, la imagen del desconocido estaba siempre ante ella como un ser sobrenatural que la hubiera hechizado.
Sólo ansiaba que llegara la tarde para tomar su canoa y marchar a las islas, con la esperanza de volverlo a ver.
Y cada tarde y cada crepúsculo, el encuentro se repitió durante mucho tiempo.
Una noche, la paz reinaba en la selva y en la cabaña de la orilla, cuando se oyó, viniendo del río, un ruido de remos que hendían las aguas. Estas, a su contacto, se agitaban y se encrespaban, levantándose en olas que golpeaban con furia en la playa.
Panambí tuvo un sobresalto y se despertó como al conjuro de un mandato ineludible.
Abandonó la hamaca tejida, de algodón, donde hallaba descansando, y corrió a la orilla atraída por el llamado del desconocido que en ese instante pasaba con su canoa frente a la niña.
Panambí miraba absorta hacia el medio del río.
La misma fuerza que la impulsó hasta allí la condujo hacia el lugar donde se había detenido la canoa.
Al introducir sus pies en el río, éste se calmó y una superficie de aguas mansas y tranquilas la invitó a llegar hasta la embarcación que esperaba.
Panambí, inconsciente, obedeció a la fuerza poderosa que la dominaba y
entró en el agua, la mirada fija en un punto lejano...
Las aguas, bajas al principio, sólo taparon sus pies, pero a medida que se internaba en ellas, iban cubriendo todo su cuerpo hasta que en un instante, sin notarlo siquiera, con la visión del apuesto guerrero que aún la esperaba, Panambí se hundió en las aguas que la envolvieron con su manto de cristal.
Poco después, el cuerpo exánime de la doncella, llevado por las aguas, aparecía junto a Pyra-yara, que no otro era el extraño ocupante de la embarcación.
El Dueño del río y de los peces, la tomó entre sus brazos fuertes y colocó el cuerpo sin vida en una balsa de juncos y tacuaras que flotaba amarrada a la popa de su canoa.
Con tan delicado botín, dirigió su embarcación hacia el lugar donde las aguas, al despeñarse en el abismo, formaban una enorme caída.
Los cabellos de Panambí, fuera de la balsa, marcaban una estela oscura en las aguas del río.
Navegaron durante algunos instantes, hasta que un ruido sordo e impotente, anunció la proximidad de la caída.
Al llegar, la canoa dirigida por Pyra-yara, apenas apoyada en las aguas, cayó al abismo formando un todo con la masa líquida, para seguir allí abajo el curso del río, como si no hubiera tenido que pasar semejante obstáculo, demostrando con ello su naturaleza sobrehumana.
No sucedió lo mismo con el cuerpo de Panambí que, despedido de la balsa por el potente impulso de la caída, quedó preso entre piedras del gran macizo por donde se volcaban las aguas al abismo, convirtiéndose en piedra ella misma y guardando sus formas humanas.
Un chorro de agua muy blanca y muy tenue se desliza desde entonces por su cabeza y cubre su cuerpo de piedra semejando un velo de novia que se deshace en gotitas de cristal antes de volver a formar parte del.caudal del río.
Ese fue el final de Panambí, la enamorada de un imposible, que olvidó que Pyra-yara, Dueño del río y de los peces, es incapaz, por ser esencia divina, de amar a ninguna mujer sobre la tierra.

19 comentarios:

Mundo Animal. dijo...

BUENAS TARDES A TOD@SSS, COMO YA SABEN EL 11 DE NOV. TERMINA EL CONCURSO PARA ELEGIR A LAS 7 MARAVILLAS DE LA NATURALEZA, ASI Q SI NO HAS VOTADO X LAS CATARATAS DEL IGUAZU AUN ESTAS A TIEMPO. PUEDES INGRESAR A TRAVES DE LOS BANNERS ARRIBA DE MI BLOG A VOTOCATARATAS. DESDE YA MUCHAS GRACIASSSSSS

Mundo Animal. dijo...

GRACIAS A TODOS X SUS COMENTARIOS Y VISITAS A MIS CUATRO BLOGS,UN ABRAZOOOOOOOO

*Luna de Medianoche dijo...

Muy hermosa leyenda cielo
un beso

rosama dijo...

Bonita leyenda, pero con un triste final.
Un saludo.

MORGANA dijo...

CRIS,HACIA SIGLOS QUE NO TE LEÍA.ME ENCANTO TU HISTORIA AUNQUE CON UN DEJE DE TRISTEZA,PERO NO PODÍA SER DE OTRA MANERA.
TE SIGO AQUÍ Y NOS LEEMOS.
MILLONES DE BESOS.

victoria dijo...

Que alegri amigo Criss ver un nuevo comentario en mi blog Nos Necesitan
Gracias por no olvidarte de nosotros y dejar tu comentario
Gracias por compartir esta linda leyenda aunque son un final triste
Pro la vida es así también por desgracia..Buenos y malos momentos..Deseando que sean más los buenos que los malos
Te quiere tu amiga de España Victoria

ALEGRÍA dijo...

Una preciosa historia Chris , y la primera foto me trae muchos recuerdos .. me encantan los ríos y cascadas y son una de las muchas bellezas que nos regala esta Madre tierra .Suerte a Iguazú .. Un beso

Bego dijo...

Que bonita y triste leyenda.
Saludos amigo Christian.

Neogeminis dijo...

Estos dioses insensibles!...en casi todas las mitologías son iguales! ufff!

Una muy interesante historia, Chris!
Gracias por compartirla.
Un abrazo!!

Cantares dijo...

No conocía esta interesante historia
Gracias por contarla
Besotes

Katy dijo...

Hola Christian, que alegría verte de nuevo. Preciosa leyenda a pesar de de que acabe tristemente.
Las leyendas de los guaranies nunca terminan bien a pesar de su belleza. ¿Que tal Lauri? besos y recuerdos para ella también

mariaje15 dijo...

Preciosa leyenda Chriss, aunque con un final triste por el destino de Panambi convertida en piedra por enamorarse de un imposible...pero la imagen del principio es Preciosa. Gracias por deleitarnos con esta leyenda.
Un Abrazo Fuerte

mariaje15 dijo...

Preciosa leyenda Chriss, aunque con un final triste por el destino de Panambi convertida en piedra por enamorarse de un imposible...pero la imagen del principio es Preciosa. Gracias por deleitarnos con esta leyenda.
Un Abrazo Fuerte

Aldhanax Swan dijo...

Hermosa leyenda, pero es muy triste! Un millón de besos y muy buena semana!

Amatista dijo...

=) como buena Paraguaya me detuve al leer el titulo: LEYENDA Guarani =)

Muy linda,la narracíon.

Por cierto Panambi significa justamente "MARIPOSA"

SALUDOS

Amatista dijo...

Te dejo el titulo de un par canciones, de Ortiz Guerrero y Flores, son guaranias y el link de una pagina con las letras de algunas hermosas canciones que mas que canciones son poemas....

PANAMBI VERA, alas
doradas y tierna dulzura,
o la invitación al sosiego
del alma.

(ESTA ES MI FAVORITA LA DEJO COMPLETA:

INDIA
Ortíz Guerrero y Flores.

India, bella mezcla de diosa y pantera,
doncella desnuda que habita el Guariá.
Arisca romanza curvó sus caderas
copiando un recodo de azul Paraná.

De su tribu la flor,
montaraz guayakí,
eva arisca de amor,
del edén guaraní.

Bravea en las sienes su orgullo de plumas,
su lengua es salvaje panal de eiruzú,
collar de colmillos de tigres y pumas,
enjoya la musa de Ybytyruzú.

Montaraz india,
manceba de la raza virgen,
Eva guayakí.

La silvestre mujer,
que la selva es su hogar,
también sabe querer,
también sabe soñar.

http://www.musicaparaguaya.org.py/flores/indiapanambi.htm

espero no aburrirte pero estas cosas me encantan XD

Alma Mateos Taborda dijo...

Preciosa leyenda. Mucho tiempo sin visitarte. Un placer volver a hacerlo. Un abrazo.

Meulen dijo...

Hermosa leyenda
siempre el ser humano busca explicaciones para un hecho natural
o que realmente ese fue el suceso...
en mi país hay muchas leyendas semejantes sobretodo las que vienen
desde los pueblos originarios que dan nombre
a plantas , flores y lugares...

un abrazo grande
y gracias por compartir estas historias de la Tierra!!

Alicia dijo...

Precioso lugar, gracias por crearlo. ¡¡Felicidades!!

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